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jueves, 7 de mayo de 2015

EN REFORMAS



No te preocupes, de verdad, todo está casi listo. Lo que se ha roto es poca cosa: algún elemento de adorno sin mucho valor, pero al que le tenía cariño; algunos cristales de las ventanas que dejé abiertas y no resistieron las embestidas del viento; los marcos de las puertas que me empeñé en no cerrar pese a tu avisos... es que ya sabes, siempre necesito que a mi casa entren la luz, el aire de la calle, los olores del día, y que salgan, también, hacia fuera, malos olores, sensaciones raras. Contraventanas ya sabes que no tengo, así que no hay problema, y el doble acristalamiento, como le he oído decir hace poco a un amigo mío, solo sirve para ensimismarnos y para que el futuro nos mate de miedo. Y yo a eso no estoy dispuesta pese a los riesgos; estoy segura de que los corazones protegidos acabarán convertidos en piedra, igual que las casas cerradas acaban por oler mal y deteriorarse.
Alguna planta también se ha caído, tengo algunas flores que se han secado de tristeza de pronto, así, de la noche a la mañana, tal y como te ocurrió a ti. Qué cosas más raras, tú y las flores, hermosas ambas, y cambiantes; un día florecen y dan alegría y vida pero son frágiles y oscuras, secas de repente.

Nada grave, como ves; así que descuida, que lo importante no ha sufrido daños. Los tabiques siguen intactos, en su sitio, inamovibles, siguen siendo fuertes pese a  los sucesivos terremotos o huracanes que han asolado mi casa... es que son ya muchos años, muchas mudanzas, maletas, inquilinos… este ha sido otro más. Me he vuelto a acordar de los antiguos,  porque algunas de las grietas de otros tiempos, ya reparadas, se han abierto de nuevo; otras, ni siquiera eso, nada que no arregle un poco de pintura, un desconchón por allí, una humedad por allá. Las baldosas del suelo han quedado con algo de polvo, pero barriendo con interés volverán a su estado original; incluso se han caído de las estanterías objetos que tenía más que olvidados y han cobrado vida, así que tendré que recogerlos del suelo y buscarles un espacio más propicio. Fíjate qué cosas… tengo trabajo por hacer estos días. Lo que me va a resultar más difícil va a ser acabar con la mancha que se me ha quedado al fondo del pasillo, no sé qué hacer con ella, se han mezclado las sustancias de la incomprensión, la sorpresa y la decepción (sobre todo esta última), y juntas forman ese líquido espeso y viscoso que no puedo desprender del suelo; pero bueno, quizá me acostumbre a vivir con ella, al fin y al cabo no ocupa demasiado espacio y esa parte de la casa la transito poco... intentaré acudir menos allí a partir de ahora. Quizá se seque sola y un día ni siquiera la perciba.

No obstante, y como no hay mal que por bien no venga, en estos días de reordenación y cambio he encontrado cosas con las que no contaba: sensaciones que tenía perdidas y de las que me había olvidado, tan atrás en el armario estaban; la alegría de tener la certeza de sentir y de estar viva, del chapuzón en la piscina helada de la vida; relatos y relatos, libros mágicos que han vuelto para tentarme con sus páginas, y unas ganas tremendas de escribir y contar, de convertirte en cuento y seguir inventándote... total, claro está que ya había empezado a hacerlo. Tengo para estrenar cajas llenas de recuerdos con los que contaré a partir de ahora: fotos, imágenes, paisajes vividos, sueños, alegrías, planes que jamás haremos pero que organizaste. Olores como recién hechos, risas, buenas conversaciones de las que no pienso desprenderme, alguna mentira piadosa dentro de la que me encuentro cómoda y a la que no le voy a quitar la máscara ni a llevar la contraria. No me desprenderé del cariño que se horneaba en mi cocina, ni de las ganas de seguir cocinándolo para darlo a comer a quien me parezca digno de compartirlo. No tengo remedio, no, no aprendo a pesar de los años… nunca me gustó desperdiciar, ni siquiera los sentimientos, aunque no me fuera devuelto todo en la misma medida. Qué cosas, con la comida me pasa lo mismo, tengo que llenar la mesa en exceso cuando invito a mis amigos a comer a casa.
Lo mejor de esta casa desordenada en que me hallo es que también en los armarios había personas que llevaban años en silencio, y volvieron para probar mis platos. Otros, aunque haya sido solo en un fin de semana, llegaron de pronto y fueron risas y alegría.

Manos a la obra, entonces, y a reordenar la casa. Esto, en un rato, está hecho. Le pondré empeño, cómo no, como siempre… al fin y al cabo es la única casa que tengo y llevo años cuidándola con esmero. Este huracán, desde luego, no va a pasar más por aquí, así que lo despediremos como es debido. Seguiré abriendo puertas y ventanas, de par en par, para que entren por donde quieran la luz del día y el futuro. Y los próximos huracanes, también serán bienvenidos. Tal vez alguno sea suave. Seguro que entonces vendrá para quedarse.


martes, 1 de abril de 2014

Érase una vez...

Entonces, todas las historias se contarían de otro modo, el futuro sería impredecible, las fuerzas históricas cambiarían, cambiarán, de manos, de cuerpos, otro pensamiento aún no pensable, transformará el funcionamiento de toda sociedad. De hecho vivimos precisamente esta época en que la base conceptual de una cultura milenaria está siendo minada por millones de todos de una especie nunca conocida.

Cuando ellas despierten de entre los muertos, de entre las palabras, de entre las leyes.

Érase una vez...

De la historia que sigue aún no puede decirse: "solo es una historia". Este cuento sigue siendo real hoy en día. La mayoría de las mujeres que han despertado recuerdan haber dormido, haber sido dormidas.

Érase una vez... y otra vez...

Hélène Cixous. La risa de la Medusa.

lunes, 13 de enero de 2014

TROZOS

No perder un ojo
un corazón 
un dedo/ pie
 afición/  lengua/ café.
No perderme yo, A,
en concesiones/ arañazos/ camas 
cabezas con ideas que duelen
y no soy yo.
En copas/ calles/ madrugadas
vacías
que no me quieren.
Ventrículo derecho pisado, roto.
Arteria rasgada.
Recompongo trozos, 
A médico,
A Frankenstein
costurera con hilo de pescar atado a las muñecas.
No maniquí/ no madre
no ubre que alimenta
no maestra/ institutriz que educa y corrige.
No A ingenua vomitando
carcajadas a chistes supurantes.
Recojo trozos
recompongo
me
guardo corazón
pie
dedo 
riñón
letras y discos.
Vuelvo a coser.
Ordeno. Escribo. 
Escribo.
Escribo.
Día 
Frankenstein.

jueves, 20 de mayo de 2010

ME DECLARO CULPABLE

Leer no es inocente, los versos son la historia que nos cuentan y nos dicen. La larga historia de explotación, miseria, servidumbre y fracaso. Los versos son la luz y las sombras que construyen la trampa cotidiana, que hacen pasar por buenas condiciones inhóspitas. Pero que desenmascaran al sol cuando amanece y quitan la máscara a la muchacha hermosa y embaucadora de bonitos escaparates que nos compra al mejor precio. Yo, como lectora, no soy inocente, me declaro parcial.

Escribir es construir simulacros, deseos, es un hacer continuo a la vez que un reflejo. Produce y reproduce. Es la ficción más extrema y una realidad tangible, la compañía y el arañazo. El implemento que le falta a la vida, aunque todo sea mentira. La luz de los sueños posibles, del deseo real, de la denuncia. Y el engaño más cruel.

Quizá la contradicción continua que la literatura lleva en sí sea lo que atrae y asusta de ella. Porque nos acerca a nuevos mundos, porque nos abre los ojos pero a la vez sigue reproduciendo y mostrándonos como naturales situaciones que tal vez no lo fueran tanto, y nos engaña. ¿Normaliza la injusticia? ¿Seguimos siendo mercado? ¿Nos enseña a pensar de la manera correcta? ¿Nos traslada miedos, alegrías, decepciones que nos marcan el camino? Qué hacer entonces... Seguiremos estando atrapados en las palabras usadas, gastadas, vacías. Seguiremos fingiendo.

Autopsicografia

O poeta é um fingidor.
Finge tão completamente
Que chega a fingir que é dor
A dor que deveras sente.

E os que lêem o que escreve,
Na dor lida sentem bem,
Não as duas que ele teve,
Mas só a que eles não têm.

E assim nas calhas de roda
Gira, a entreter a razão,
Esse comboio de corda
Que se chama coração.

Fernando Pessoa.

martes, 11 de mayo de 2010

HOY SÓLO SÉ QUE EXISTO Y AMANECE

Muy cerca del mar, enfrente, esperando tal vez en algún momento ser absorbida por las olas. Contemplando las barcas, almadías, jarcias, escolleras, las nubes que pasaban, La Nube de aquel libro. El sol, a veces furioso, otras veces tímido, hiriente, o desafiante.
Allá en la Isleta recordé Troppo mare y recordé a su autor, Javier Egea. En Las Negras mi mente recordó la cita de Passolini que encabeza el libro, "No es de mayo este aire impuro", y ya me trajo sabores de derrota. El comienzo del libro, "Extraño tanto mar, raro este cielo", me anticipó un tacto áspero, la extrañeza, el no-lugar, el no-reconocimiento, el choque inevitable entre mi realidad ficticia y mi real y tangible deseo.

Pequeñas casas blancas con destellos azules, piedras lisas, rodadas, por el paso de los días. Versos ya imposibles de separar de mí y de mi historia "pero dónde tus ojos, si sólo se tratara", "ante el aprendizaje de la vida/ ofrezco mis ruinas a tus ojos", "Te llaman luz, amor. Hoy te llamo derrota": Vienen, los repito, los expulso de mi mente para volver a repetirlos de forma tal vez incesante. Se abren heridas que forman abismos.

"Qué gran error -la trampa- los pensamientos bellos
tus ojos, la pasión, aquello de la vida."

Para saber que volveré a la Isleta como volveré a estos libros, con la misma determinación con que volveré a la trampa, al gran error de los pensamientos bellos. Con la misma determinación con la que trato de huir y de reinventarme, de crear otro camino, de buscar las alas. Con el mismo asombro y la misma sorpresa con que día a día mis ojos reciben el mundo. Sin esperanza, y con convencimiento.

Lo que pueda contaros
es todo lo que sé desde el dolor
y eso nunca se inventa.

Porque llegar aquí fue una larga sentina,
un extraño viaje,
una curva de sangre sobre el río,
mientras todo era un grito
y ya se prefilaba resuleto en latigazos
el crepúsculo.

Las historias se cuentan con los ojos del frío
y algún sabor a sal y paso a paso
-lengua y camino-
porque la sangre se nos va despacio,
sin borbotón apenas,
demsadejadamente por los labios.

Las historias se cuentan una vez y se pierden.

Javier Egea. Troppo mare.

sábado, 24 de abril de 2010

Palabras más...

Esta mañana compré flores en la calle. Eran amarillas y blancas. Otras más pequeñas eran de color violeta. Después entré en la cocina y allí pasé un rato cocinando. Tras eso, las palabras...
Al final va a ser cierto (y en tal caso mi amigo tendría la razón que le quité). Las palabras se desgastan y pierden su significado, se quedan vacías, huecas. Dices flor y entonces no ves nada, sólo ceniza. Amor, y notas cómo la pereza te invade. A base de repetirlas, de vomitarlas, se vuelven indiferentes. A fuerza de no corresponderse con la realidad, de formar mentiras. O espejismos.
Y una piensa... como me dijo una buena amiga que tiene el don de la generosidad y la genialidad en sus frases, que me va a dar un coma diabético un día de estos a causa de escuchar tanta frase edulcorada, y que acabarán saliéndome las nubes por las orejas. Y se me nota el hartazgo de lejos, el cansancio, la pereza.

Este texto podría llamarse "palabras y flores", o "reflexión de un día".  Los ángulos de la realidad, las historias que inventamos, los caminos que se bifurcan, lo que vivimos y lo que creamos...
Un poco de coherencia... ¿es tan difícil?




miércoles, 21 de abril de 2010

PASTEL DE CARNE


No voy a ser un pastel de carne, debió de pensar. Me sobra algo de grasa, mis pechos crecen y se hinchan. Llenan los sujetadores. Y tal vez me esté convirtiendo en material-no-poético o novelable. Hay celulitis, mi vientre no está plano y firme, la piel sigue tensa pero se destensará al fin y al cabo. No puedo ofrecer otro cuerpo y este ni siquiera está mal. Y solo soy mi cuerpo pero tampoco soy solo mi cuerpo. ¿Estoy esperando a que llegue alguien y se coma un pedazo del pastel?

Buen librode una autora ya imprescindible. Sorprendente final.

CUENTOS INCOMPLETOS II... EN EL SORTILEGIO DE LAS LÍNEAS CURVAS

Me perdí en el recodo del sendero y anduve en espiral. Recorrí y volví a lo andado, me perdí, regresé; hice algún alto en el camino. Tomé pan, bebí agua, crucé palabras y sortilegios, empleé meses en vez de días, me demoré en los ríos, estudié las sonrisas. Dudé. Me perdí. Volví a encontrarme. Llegué al punto de destino distinta a la que salí; más sabia, más hermosa, el cabello era más largo; los ojos habían cambiado de color. Regresé sin nada pues todo lo dejé a mi paso, lo cambié por besos, abrazos, sonrisas. Mis labios se hicieron granas, mi lengua de yerbabuena y mis dedos se alargaron. Llevé un cuaderno incompleto y ya los ojos eran de todos los colores de los libros que leí. El cuerpo se me escribió con la tinta de la poesía, recorrí espaldas que eran como los campos en que se quema el trigo, cuerpos ambarinos con olor a canela. Lenguas como peces, sudores como zumos de extrañas frutas. Volví atrás para no perder los versos que situé en el camino por no encontrar el rumbo.
La brújula no encontró el norte pero rompió los maleficios de los caminos rectos y los astros imperantes. Rechacé los caminos trazados para trazar el mío. Olvidé recordar las reglas del juego e inventé las propias. Olvidé para qué sirven las cosas por jugar con ellas; por hacer otro mundo. Y las nombré de nuevo.
Nadie había al final del camino. Pero ahora sí estaba yo...

lunes, 19 de abril de 2010

INVENTARIO DE NUEVOS PROPÓSITOS

Si escribo hoy tal vez me salga todo color azul grisáceo. Todo oscuro y mojado, con cierto sabor amargo. Si hago caso a José Hierro estas últimas horas del día de hoy deberían de llevarme a la alegría. No sé si las cosas van a marchar bien; no sé si tan siquiera marchan; ni siquiera sé si hay cosas. Ahora que la eternidad se acaba.
Elegiremos otro abismo. Saltaremos a otros mundos. Nos suicidaremos por amor. Seguiremos nuestras reglas y no las de los otros.
Asesinaremos al alba cuando llegue para continuar la noche.
Haremos una diminuta revolución envueltos en sábanas y almohadas. Beberemos nuestras lágrimas, morderemos las mañanas de los días. Sangraremos. Y caeremos. Quizá muramos. Pero tendremos la certeza de sentir. Y la promesa de una última batalla.

Déjame que te arañe con mis dedos la espalda
como rasga la pluma este papel en blanco,
hiriendo la pureza, desatando la tinta
escribiendo reflejos de vida con cuchillos.
Déjame destapar la caja de Pandora
(era diciembre, el frío, el corazón, la bruma)
llegará la tristeza, a dónde la hermosura...

domingo, 11 de abril de 2010

PEQUEÑO ASESINATO

Tendré que matarte porque te detesto. Detesto tus servidumbres y tus debilidades. Detesto tu amabilidad amnésica y tus ganas de agradar continuamente. Tu incapacidad para apartarte de todo. Tu apego a la esperanza y a la felicidad.
Tengo que matarte, destruirte entera. Comenzar de nuevo desde los cimientos, arrancar con saña la flor que amanece y transplantar cuchillos o sábanas blancas que hagan como muros. Matarte y que lluvia constante y espesa tienda una cortina.
Tengo que matarte, destesto los días claros que aparecen sin que tú los veas, que todo no tenga nitidez precisa que encaje en tu mente las piezas del puzzle, del 2+2 nunca suman siempre 5.
Es todo impreciso y todo muy vago, irreal, manchado en exceso de ternura fácil. Me cansé de todo, del mundo en la bruma. Tengo que matarte para cobrar luz. Asesinar la parte tuya que detesto, muy despacio, casi como quien hace una ecuación, de forma analítica, fría. Porque aborrezco tu imagen de mujer fuerte de la misma manera que aborrezco tu pose de mujer sensible, vulnerable y frágil.
¿Cuál es el camino?

Contra Jaime Gil de Biedma

De qué sirve, quisiera yo saber, cambiar de piso,
dejar atrás un sótano más negro
que mi reputación -y ya es decir-,
poner visillos blancos
y tomar criada,
renunciar a la vida de bohemio,
si vienes luego tú, pelmazo,
embarazoso huésped, memo vestido con mis trajes,
zángano de colmena, inútil, cacaseno,
con tus manos lavadas,
a comer en mi plato y a ensuciar la casa?

Te acompañan las barras de los bares
últimos de la noche, los chulos, las floristas,
las calles muertas de la madrugada
y los ascensores de luz amarilla
cuando llegas, borracho,
y te paras a verte en el espejo
la cara destruida,
con ojos todavía violentos
que no quieres cerrar. Y si te increpo,
te ríes, me recuerdas el pasado
y dices que envejezco.

Podría recordarte que ya no tienes gracia.
Que tu estilo casual y que tu desenfado
resultan truculentos
cuando se tienen más de treinta años,
y que tu encantadora
sonrisa de muchacho soñoliento
-seguro de gustar- es un resto penoso,
un intento patético.
Mientras que tú me miras con tus ojos
de verdadero huérfano, y me lloras
y me prometes ya no hacerlo.

Si no fueses tan puta!
Y si yo no supiese, hace ya tiempo,
que tú eres fuerte cuando yo soy débil
y que eres débil cuando me enfurezco...
De tus regresos guardo una impresión confusa
de pánico, de pena y descontento,
y la desesperanza
y la impaciencia y el resentimiento
de volver a sufrir, otra vez más,
la humillación imperdonable
de la excesiva intimidad.

A duras penas te llevaré a la cama,
como quien va al infierno
para dormir contigo.
Muriendo a cada paso de impotencia,
tropezando con muebles
a tientas, cruzaremos el piso
torpemente abrazados, vacilando
de alcohol y de sollozos reprimidos.
Oh innoble servidumbre de amar seres humanos,
y la más innoble
que es amarse a sí mismo!

viernes, 9 de abril de 2010

CUENTOS INCOMPLETOS I... DE MARIPOSAS...


Escribiría mil historias para que las soñaras conmigo. Tejería palabras enredadas en versos para que poco a poco se fueran coloreando y se hicieran verdad. Dibujaría nuevos mundos en tu españda y los llenaría de una y mil especias diferentes: en las cimas de las montañas el sabor de la canela, el espliego en los valles, la pimienta y la sal en la vasta extensión del mar. Un día soñé una espalda donde se quemaba el trigo...
Noche a noche te iría inventando historias, te las leería en voz alta y cantaría los sones de otras tierras lejanas. para envolverte. Las palabras como el hilo que dibuja un tapiz, como las estrellas dispersas pero ordenadas del cielo tan oscuro.
Y tú, que nacieste ya antes como una promesa. Porque el deseo tiene carta de realidad, porque la corresopndencia que se establece entre sueños y realidad a veces es caótica, otras veces, ordenada. Y sobrecoge. Y trae certezas de sentir. Naciste como una promesa porque siempre fue soñada: mi interlocutor, el hilo que tejer que no se rompa...
Hoy he visto las mariposas...

MUERTE EN EL OLVIDO

Yo sé que existo
porque tú me imaginas.
Soy alto porque tú me crees
alto, y limpio porque tú me miras
con buenos ojos,
con mirada limpia.
Tu pensamiento me hace
inteligente, y en tu sencilla
ternura, yo soy también sencillo
y bondadoso.
Pero si tú me olvidas
quedaré muerto sin que nadie
lo sepa. Verán viva
mi carne, pero será otro hombre
-oscuro, torpe, malo- el que la habita...

Ángel González

domingo, 4 de abril de 2010

EL BAREMO DE LA FELICIDAD

Leía hace pocos días un artículo en el que Almudena Grandes decía que el baremo de la felicidad variaba considerablemente de unas personas a otras. A pesar de que no es una idea novedosa, me dio por pensar en ello, por pensar en cuál era mi baremo de la felicidad, en cómo este ha ido haciéndose cada vez más claro, más nítido en mi vida... más sencillo. Más mediocre, tal vez, pero en el mejor sentido de la palabra... Me conformo con poco... Una manta cálida, un sofá, un buen libro, un poema, una película, un interlocutor inteligente. Una risa subversiva. Un recuerdo. Unos ojos nuevos que se sorprendan. Pasear tu espalda. Con eso... ¿qué importa lo demás?
Asisto admirada a los otros baremos, a los de la tiranía que imponen el cuerpo y la imagen, a los de los cuerpos comestibles, a los de las necesidades-innecesarias que nos vamos creando y la ansiedad al no poseer, a la estupidez generalizada que mi propia estupidez no asume. Y veo cómo se agrandan, se generalizan, cómo se comen el tiempo y el silencio. Y ya todo es ruido, más ruido, más tiempo ocupado, más acción, menos quietud. Y vuelvo a pensar en el libro, las palabras, el sofá, un roce, una caricia al paso. Y me pregunto qué es lo que estamos haciendo tan mal.

"¿Recuerdas lo que queda de la vida?

¿Conoces este ritmo que es un barrio acechando,
brillante puñalada en forma de cadera
que mueve un viento seco y te mira en la esquina
con un vaso en la mano y un temblor en la boca?"

Javier Egea