Duna siempre me regala palabras. Me regala palabras desde sus mañanas tempranas en la cocina que huelen y saben a bizcocho y a café recién hecho, y suenan a páginas de periódico y canciones de Silvio. Me regala poemas que compartir y comentar, palabras intercambiables, canciones para escuchar de forma obsesiva y la certeza de que hay alguien que escucha las canciones de la misma forma obsesiva en que yo lo hago... porque las palabras son lo de más.
Me regala canciones que nos traen respuestas. Y me regala la compañía en fines de semana y noches con muchas, tal vez, demasiadas sombras.
Y saber que no es inútil escribir porque hay alguien con quien comunicarme al otro lado de la pantalla.
Mil gracias...