Al final va a ser cierto (y en tal caso mi amigo tendría la razón que le quité). Las palabras se desgastan y pierden su significado, se quedan vacías, huecas. Dices flor y entonces no ves nada, sólo ceniza. Amor, y notas cómo la pereza te invade. A base de repetirlas, de vomitarlas, se vuelven indiferentes. A fuerza de no corresponderse con la realidad, de formar mentiras. O espejismos.
Y una piensa... como me dijo una buena amiga que tiene el don de la generosidad y la genialidad en sus frases, que me va a dar un coma diabético un día de estos a causa de escuchar tanta frase edulcorada, y que acabarán saliéndome las nubes por las orejas. Y se me nota el hartazgo de lejos, el cansancio, la pereza.
Este texto podría llamarse "palabras y flores", o "reflexión de un día". Los ángulos de la realidad, las historias que inventamos, los caminos que se bifurcan, lo que vivimos y lo que creamos...
Un poco de coherencia... ¿es tan difícil?