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miércoles, 21 de mayo de 2014

Hilos morados

Yo intento evocar la lluvia o el llanto. Obstáculo de las cosas que no quieren irse camino de la desesperación ingenua. Esta noche quiero ser de agua, que tú seas de agua, que las cosas de deslicen a la manera del humo, imitándolo, dando señales últimas, grises, frías. Palabras en mi garganta. Sellos intragables. Las palabras no son bebidas por el viento, es una mentira aquello de que las palabras son polvo, ojalá lo fuesen, así yo no haría ahora plegarias de loca inminente que sueña con súbitas desapariciones, migraciones, invisibilidades. El sabor de las palabras, ese sabor a semen viejo, a vientre viejo, a hueso que despista, a animal mojado por un agua negra (el amor me obliga a las muecas más atroces ante el espejo). Yo no sufro, yo no digo sino mi asco por el lenguaje de la ternura, esos hilos morados, esa sangre aguada. Las cosas no ocultan nada, las cosas son cosas, y si alguien se acerca ahora, y me dice al pan pan y al vino vino me pondré a aullar y a darme de cabeza contra cada pared infame y sorda de este mundo.


ALEJANDRA PIZARNIK





martes, 29 de junio de 2010

DORIAN GRAY Y LA BELLEZA

"En la actualidad la mayoría de la gente muere de indigestión de una sentido común y descubre cuando ya es demasiado tarde que lo único que nunca lamentamos son nuestros errores."


Y de repente comprendes en un arrebato de lucidez, y tal y como te dijo un amigo, por qué los clásicos son clásicos. Y eternos. Y yo, que no me gusto nada diciendo este tipo de cosas, que soy tan poco amiga de cánones, de H. Bloom, de listas cerradas y de pensamientos únicos, que sé que esas listas que construye la historia no son inocentes, ni eternas, ni están lejos de intereses... pues yo, como decía, entiendo que Dorian Gray, su retrato y su libro, sean imprescindibles. Una obra tan llena de sentencias incontestables, tan excesivo, tan cargante a veces, tan inquietante. Tan su época y tan su autor.
Pero Dorian era de belleza subyugante (a lo largo de estos días no he encontrado otro término mejor para definirla, a pesar de que la repienso), rubio, con jugosos y rojos labios, y nunca podría ser ese actor más bien anodino que no dice nada, y tirando a mediocre, que han elegido para hacer esa película, también más bien mediocre y anodina, en la que pasan desapercibidos algunos aspectos del libro tan esenciales como la homosexualidad. Muy light, la versión, muy fabricada para el gran público.
Al fin y al cabo, y como no hay mal que por bien no venga, algunas películas tienen la virtud de acercarnos de nuevo a la obra original que las motiva, al menos para cerciorarnos de las diferencias que existen entre ellas o para que en nuestra mente, como es mi caso, siga quedando la imagen exacta de mi Dorian Gray particular, mucho mejor imaginado siempre... mucho más subversivo, desafiante, tentador.


viernes, 9 de abril de 2010

"La vida prosigue aunque actuemos como cobardes o como héroes. La vida no impone ninguna disciplina sino la de aceptar la vida incuestionablemente. Todo aquello a lo que cerramos los ojos, todo aquello de lo que huimos, todo lo que negamos, denigramos o despreciamos sirve para derrotarnos al final."
Henry Miller

lunes, 5 de abril de 2010

BÁSTEME DECIR...

"Básteme decir que quisiera dimitir de su amor".
Belén Gopegui.


"Entretanto le pido que me recuerde a veces. No a lo largo del día. No cuando toma café, llama por teléfono o trabaja, o mira una película. No a lo largo del día sino en las rendijas de las ventanas y las puertas que no cierran bien quiero que me recuerde. Por donde pasa un viento desapacible y usted lo advierte, y no hay nadie a su lado, y entonces usted siente el deseo de dar esquinazo a las cosas. De soltar lastre e irse, como si se pudiera."
Belén Gopegui.

Entonces pienso, no sé si para consolarme o porque tengo la certeza, que este amor basado en simulacros no habría sido sino un breve paréntesis en mi vida de perdida. Un venirme al lado de acá del mundo con el que más tarde me habría sentido traicionada por mí misma, mis principios tambaleándose y mis noches vacías ya de literatura y magia. A pesar de que hoy me gustaría dimitir de su amor, cesarme en el cargo de pensadora a tiempo completo de su textura suave y mullida, de su carne no perfecta y su sabor recién hecho. Entonces pienso que mi vida es así porque esta serie de imágenes que no asumí, ahora incluso me rechazan cuando quiero amoldarme a ellas, ahora que lo intenté, por una vez en la vida. Con mis veintisiete años de no haber vivido nada. No sé si habría sobrevivido a los días claros.
Ya no sé si los sueños que me quedan son los que puedo tener. Ni siquiera sé quién está en ellos.