No sé en qué momento se bifurcó el sendero, qué curva no debí haber tomado, qué libros no debí haber leído, para que ahora aparezcas al fondo altivo y sonriente con una mueca irónica en el rostro. Para no tener este listado de debilidades y servidumbres, de pequeñas heridas que se cierran y renacen y que me dicen que están ahí a cada paso.
¿Cuáles serían mis otras debilidades? ¿Cuáles mis otras mentiras?
Sin que exista el olvido
Si te dijera,
no sé qué hacer contigo.
No es que intente olvidarte
y menos recordarte
si es que me siento otra
en cuanto me descuido
y no puedo evitar ese turbio vacío
que muerde cuando bajas
la guardia y te dejas caer
hundida en la amargura de algún taxi.
Si te dijera,
qué extraña sensación la de mis manos
solas temblando en las rodillas,
como si tú ya no ocuparas sitio
en mi corazón y me sobrara
más de media camisa sólo
porque me sobra tanto asiento
a mi lado.
No lo voy a negar,
si me descuido
un borbotón de lágrimas
arrasando mis ojos
me hará flotar a la deriva
por las calles sin ti
como canales que me arrastran
a los últimos ritos de la noche.
No lo voy a negar,
si me descuido
acabaré en los ojos desolados
de mi cuarto sin sueño
y temblando
se apagará en tu nombre la ciudad.
Si me dijeras
que hay un mar poderoso
donde existe el olvido.
Una playa lejana
donde el recuerdo es dulce
y no hace daño...
No lo voy a negar.
Todo me queda grande.
Todo me queda grande.
No sé qué hacer conmigo.
Ángeles Mora